HERMANDAD DEL SANTÍSIMO CRISTO DE LA EXPIACIÓN Y MARÍA STMA. DE LA VICTORIA
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PREGÓN 2009

PREGÓN DE SEMANA SANTA 
(D. ZACARÍAS DE LA CRUZ ESCUDERO)
 Campanario, 3 de Abril de 2009


INTRODUCCIÓN.

     Doy comienzo en esta noche memorable del Viernes de Dolores, de vísperas de la Semana Mayor del cristiano, nuestra Semana Santa, al pregón anual que nació con vocación de permanencia en nuestra comunidad parroquial.

     Fue el pregón del año pasado el primero de una costumbre que no que dudo continuará y se hará tradición en el futuro. Tradición que deseo dure para siempre. Yo quiero continuar, lleno de gozo, para que se consiga que el pregón de Semana Santa en nuestro pueblo llegue a la categoría de tradición.

     En todos los lugares en donde se proclama, el pregón es tenido como el gran pórtico de la Semana Santa, y es esperado con anhelo por los fieles. Se hace con toda pompa, esplendor y solemnidad posible. Y sabiendo como sabemos que la primera misión del pregonero es animar públicamente al pueblo a participar en el gran acto que comienza, yo os animo a que participemos activamente en nuestra Semana Santa.
 

AGRADECIMIENTOS.

     Agradezco sinceramente a la Junta de Cofradías, a don Luis nuestro párroco y a todos los que de mí se han acordado por darme la oportunidad de pronunciar este pregón. Haré lo posible por no decepcionaros. Hoy, con la venia y ayuda de nuestra Madre la Virgen de los Dolores, al término de su septenario, quisiera proclamar en esta noche solemne la Pasión, Muerte, y Resurrección de nuestro hermano mayor, Jesús, el Hijo de Dios. Lo haré en nombre de todos los Hermanos y Hermanas nazarenos que me han encomendado esta tarea que para mí es un honor y, también, una seria responsabilidad.
 
 
RECUERDO DE NUESTROS MAYORES

     Quiero recordar, a aquellos que por diversas razones no pueden estar entre nosotros: a los enfermos, a los impedidos, a quienes por su trabajo no pueden estar presentes, a los emigrantes que deseando venir no pueden hacerlo y, muy especialmente, a nuestros mayores que nos han precedido en la organización y vivencia de nuestra Semana Santa… Que sepan que su trabajo, sacrificios y desvelos siguen dando sus frutos y que sepan, asimismo, aquellos que desde el cielo nos contemplan que continuaremos por el camino que ellos nos marcaron: No os defraudaremos.

     Hablar de nuestra Semana Santa es recordar, vivir, y revivir sentimientos, miradas de niños con caritas de sorpresa y estupor. Es, además, lágrimas, recuerdos, ausencias y vivencias profundas. Es historia, tradición, arte y sobre todo conversión. Es, en una palabra, agradecimiento a nuestro Dios por haberse encarnado, sufrido y muerto por nosotros y de manera muy especial sobre todo por haber resucitado y marcarnos el camino hacia Él.
 

PREGÓN
               
      
Cuando los fríos nos dejan y el buen tiempo va apareciendo tímidamente, cuando la primavera está a punto, a punto de estallar, o como en este año ya ha irrumpido entre nosotros…, nuestro pueblo se llena de esperanza y de luz; las casas y sus fachadas son blanqueadas siguiendo una ancestral costumbre en Campanario;  las cocinas y los hornos expanden sus ricos olores por el ambiente. ¿Cómo no recordar los guisos y la repostería de estos días?... Las amas de casa en su ajetreo de limpieza general; los pintores que no llegan; las “latas” que van y vienen a los hornos como si de una procesión más se tratara; regañías, empanadas, hornazos, dulces… ¡Todo debe estar a punto para la celebración! Los humanos somos así… no hay celebración sin comida y, en nuestro caso, los cristianos vamos conciliando, como podemos, el ayuno, la comida y la abstinencia. A unos esto les acerca más a Dios y, a otros, sólo les servirá para llenar el estómago, sin más visión trascendente que la celebración de una fiesta vacía de todo sentido religioso, haciendo buenos los versos de Calderón de la Barca en “El gran teatro del mundo”:
 
“… dios a nuestro vientre hagamos.
¡Comamos hoy, y bebamos
Que mañana moriremos.
           
     Y siguiendo por la tradición gastronómica de la Semana Santa se me vienen a la memoria aquellos versos de nuestro poeta extremeño, Luis Chamizo, cuando en su poema “Semana Santa en Guareña” hace hablar al zagal que ha ido al pueblo para ver las procesiones y les cuenta sus impresiones a los padres.
            
     Después de describir la procesión de la Virgen de la que decía “que ya no m’acuerdo como la mentaban”, seguía diciéndoles todo entusiasmado, por qué, entre otras cosas le gustaba la Semana Santa:
                       
“… yo también me gusta
                        la Semana Santa,
                        por sus comilonas
                        llena de durzainas.
                        Muchos platos, muchos,
                        ca uno de su casta,
                        porque pa estos días,
                        agüela Tomasa
                        ha mercao unos peces mu grandes,
                        más grandes que carpas,
                        que se pescan mu lejos, mu lejos,
                        más allá e Zafra,
                        y que saben d’un modo más rico
                        que los que se pescan en el Guadiana.
                        ¡Chacho!, qué potingues, y cuántos guisotes
                        y cuántas cosinas, y cuántas durzainas
                        pa ponerse jartetes y pa dirse
                        a los morumentos pa vé las muchachas.
 
     Como veis, la comida siempre está unida indefectiblemente a la fiesta.
            
     Chamizo nos narra a través del zagal lo que era común en las costumbres de nuestros pueblos extremeños, que en nada, o muy poco, diferían del resto de España.
            
     Se cuenta que, alguien de otras tierras, mientras contemplaba una procesión le preguntó a un andaluz por qué se aplaudía allí, por qué se cantaba y por qué tenían esa forma tan especial de celebrar la Semana Santa. Dicen que él le contestó lleno de filosofía popular: “porque esta película ya la conocemos, el bueno muere y resucita. El bueno siempre gana, por eso nosotros estamos alegres; porque sabemos que Jesús vence a la muerte. Pero eso no quita que al recordarlo nos entristezcamos por todo lo sucedido y queramos hacernos uno con ese Jesús y con su Madre a quienes vemos sufrir.
            
     Va a comenzar la Semana Santa y por si acaso no llegara bien a todos los rincones su anuncio, hay que pregonarla y anunciar que ya está aquí. Todos sabemos que el oficio de pregonero es anunciar en voz alta y, en los sitios públicos, aquello que conviene que todos conozcamos. El pregonero hace de mensajero; en nuestro caso el mensaje es claro. Llega la hora de acompañar a Jesús en los momentos más duros de su vida, en los momentos preparatorios de su muerte, para estar con Él en el instante supremo de su resurrección. Éste es el anuncio que hoy pregonamos.
            
     Jesús llega una vez más a nuestras calles, a nuestras plazas, a nuestras plazuelas y altozanos, a esas calles estrechas y tortuosas que aún nos quedan, que fueron forjadas allá por la Edad Media; porque Él quiere dar una vuelta por ellas, porque Él viene a procesionar nuestras calles. Es Jesús siempre vivo que las paseó durante siglos, el que este año repite una vez más su paseo y observa cómo van cambiando y cómo las gentes que por ellas caminan ya no son las mismas; pero ve que una cosa sigue igual: el pueblo le sigue acompañando en su recorrido de dolor, de muerte y de resurrección con la misma fe que movió a sus antepasados, con los mismos sentimientos… con sus mismas costumbres.
            
     Y sus gentes siguen acompañando a Jesús. Sí; porque en esta Semana Santa Él estará acompañado por todos y de manera muy especial por los Hermanos y Hermanas de las distintas cofradías… Estará acompañado también, por el pueblo, por su pueblo, que en el mayor de los silencios y meditación -espero-  seremos ejemplo de vida para aquellos a quienes nada les dice estos Misterios. Y esto es muy comprometedor, porque uno de los objetivos hoy de las cofradías debe ser como pedía Juan Pablo II “un decidido ímpetu misionero que les lleve a ser, cada vez más, sujetos de una nueva evangelización” (CL.30).
            
     Campanario debe volcarse y, Campanario sabe volcarse cuando algo le llega a la fibra del alma; por eso, este año, una vez más en su historia, Campanario quiere hacer el camino con Jesús. Y… ¿Por qué no?: el camino de la Cruz . Por tanto, si llegase el momento, nosotros tendríamos que decir a los de casa o a los amigos que no participan: “¡Ven, te iré contando el Misterio mientras vamos haciendo el camino de acompañamiento a la Cruz!” Este sería nuestro mejor homenaje: Beber este Misterio y comunicarlo con fuerza y convencimiento, porque… la religiosidad es el verdadero corazón de nuestra Semana Santa, ella es el fundamento de la Tradición, el motor, el verdadero sentido y, en Campanario, Tradición, Religiosidad y Fe, han ido siempre de la mano desde hace muchos siglos. Si no, veamos:
           
UN POCO DE HISTORIA
            
     La primera cofradía de la que tenemos constancia en Campanario data de 1520 sin que su fecha esté totalmente documentada. Fue la cofradía del SANTÍSIMO SACRAMENTO. Por estas fechas regía nuestra iglesia Don Alonso Martín Grande, segundo párroco de la historia de nuestra parroquia (el primero documentado fue Frey Alonso de las Dueñas que estuvo poco mas de un año). La cofradía leemos en el libro de la Visitación de 1595 se fundó “por vecinos y personas devotas… que hicieron unas constituciones y ordenanzas por las que se rigen los hermanos”. Aunque entre sus fines no estaba procesionar durante el Triduo Santo, nos ha quedado la vieja costumbre que aún seguimos practicando, de “velar al santísimo por turnos en el viernes santo” En este siglo XVI se crearon otras 4 cofradías más: Nuestra Señora del Rosario (1561); Benditas Ánimas del Purgatorio (1568); Dulce Nombre de Jesús (1553) y Vera Cruz (Entre 1565 y 1575).
           
      Ésta de la VERA CRUZ, es descrita en la Visita que la Orden de Alcántara hacía a las parroquias y concejos de su territorio. Entre sus fines estaba procesionar en los días del Triduo Santo. Fue la primera cofradía penitencial de Campanario. Se fundó en la década de 1565 a 1575. Fue fundada, también, por “vecinos de la villa y otra gente devota “. Tal vez, esta “gente devota”, opina Serafín Martín Nieto, uno de los autores del libro “CAMPANARIO” fueran trashumantes, ya que este tipo de cofradías estaba muy generalizada en las tierras de Castilla de donde ellos procedían.
            
     Los hermanos de esta cofradía, ingresaban en ella bien como hermanos de sangre”, o bien como “hermanos de luz”. Los de sangre tenían como función disciplinarse públicamente durante el recorrido de la procesión… todo ello como recuerdo de la flagelación que Jesús sufrió atado a la columna en casa de Poncio Pilato. (El paso de Nuestra Hermandad de Jesús Cautivo es la representación de este hecho). Sobre cómo llevaban a efecto su compromiso estos hermanos, es descrito en el libro de la Visitación (1595) de la siguiente manera:
            “Se disciplinaban el Jueves Santo y para ello se juntaban en el hospital… y de allí salían. Los iban acompañando los demás cofrades con hachas y velas encendidas en procesión y llevaban el crucifijo de la Cofradía y la Cruz de la Iglesia. Iban por la plaza y la calle real hasta la ermita de los Mártires. Volvían por la calle Francisco Sánchez Campanario (probable calle Moral-Amargura) y la Plazuela de Alonso Valdivia (actual Afligidos. Donde estuvo el comercio de mis abuelos los Pingote) hasta volver a la Iglesia. De allí volvían al hospital donde se lavaban”. Y, efectivamente, en el Hospital, el Mayordomo tenía previsto todo lo necesario para lavar, limpiar y curar las heridas a los hermanos de sangre.
            
     La función de los hermanos de luz no era otra que asistir a la procesión con sus velas encendidas y procesionar en acto de adoración, sacrificio y meditación, significando con ello a Jesús Doliente al que recordaban. En 1583 esta cofradía había alcanzado los 700 cofrades entre hombres y mujeres.
            
     En el siglo siguiente, en el XVII, continúan, tal vez con más fuerza las fundaciones de las cofradías. Y digo con más fuerza porque después del concilio de Trento (1545-1563) se dio un gran impulso a la defensa de la devoción a las imágenes en la Iglesia Católica, para contrarrestar la presión de las doctrinas protestantes que habían prohibido con anterioridad el culto a las imágenes incluso en el interior de los templos.

     A lo largo de este siglo se fundaron en Campanario seis nuevas cofradías y ya son once con las anteriores: San Clemente (1602); Santiago (1609); San Pedro (1633); Santa Ana (1656); San Bernardo (1663) y JESÚS NAZARENO (1667) que es la única que prevalece de ellas y, gracias a Dios, y con el impulso de sus Hermanos y Hermanas cofrades cada vez con más vigor. En la actualidad, Nuestro Padre Jesús sigue procesionando en la noche de Jueves Santo. ¡Cuántas voces se han elevado durante siglos para aclamarlo! ¡Cuántas oraciones! ¡Cuántos poemas han brotado de nuestro corazón callado! ¡Cuánto se ha escrito sobre el Nazareno! Estos versos que ahora leo vertidos por Lorenzo Medel, amigo mío poeta de Granja de Torrrehermosa, son tan significativos, sencillos y esclarecedores que no me resisto a silenciarlos.
 
 
“Ya sale el nazareno                                 todos tus hijos granjeños
llevando la cruz a cuestas             con dolor te están llorando
y con la frente sangrando,                  porque tienen mucho empeño
espinas de su corona                        en que tú no sufras tanto
corazones van rasgando.                    (“Momentos para ti”. Madrid 2002)
           
     Siempre fue la Semana Santa de Campanario durante épocas pasadas, una Semana Santa esplendorosa y con fama en los alrededores. Reyes Huertas escribía en el año 1938 algo que, tal vez, nos llene de satisfacción al recordar aquellos tiempos. Hoy no es ni sombra de aquello, a pesar del nuevo resurgir de cofradías y hermandades. Decía:
“De todos los pueblos de la Comarca, el que conmemoraba con más pompa y esplendor los misterios de la pasión era Campanario. Yo alcancé todavía, siendo niño, aquellos tiempos en que de Orellana la Vieja, Quintana, Castuera y El Valle, acudían cristianos viejos y mujeres sencillas a ver la Semana Santa de Campanario.
Campanario era entonces un pueblo de paño pardo. Con las casas terrosas color de la vestimenta de sus moradores. Viejos de calzón estezado (curtido) y labriegos que en las fechas memorables, la boda, el duelo, el Corpus y la Semana Santa, sacaban la capa de paño de Torrejoncillo… Las fiestas religiosas y especialmente la Semana Santa tienen de aquella época en mi memoria el esplendor de diez o doce capas pluviales en la pascua de resurrección…” (R.H. “La Semana Santa en La Serena. Recuerdos de mejores días”. HOY 13/04/1938).

     La cofradía Nuestro Padre Jesús asumió desde el siglo XIX el compromiso de la organización de la Semana Santa en Campanario. Además de la suya lo hizo con las procesiones del Santo Entierro y de La Soledad. En 1791 tenía 510 cofrades y sabemos que, a pesar de este respetable número, había otra cofradía ya desaparecida, la de Las Benditas Ánimas, que ella sola tenía en esa fecha hasta 2200 Hermanos, número inimaginable hoy día (“Interrogatorio de la Real Audiencia”).

     Como veis he ido dando breves pinceladas de historia para que conozcamos o recordemos la gran tradición y religiosidad de Campanario respecto a las cofradías.

     Pasaremos por alto las cofradías no penitenciales porque no es este pregón sobre la historia de ellas. debo decir que todas las imágenes de Vírgenes titulares están unidas a los pasos procesionales de Jesús. Así:
 
     Virgen de los Dolores con Nuestro Padre Jesús Nazareno y Santo Entierro.
     Virgen de la Victoria con Cristo de la Expiación.
     Virgen de la Amargura con Jesús Cautivo.
     Virgen de la Soledad, sola.
 
     Antes de terminar esta reseña histórica de las cofradías, quisiera indicar los altibajos que a lo largo del tiempo han tenido y el porqué de la desaparición de muchas de ellas. Alguna desapareció en la práctica, según consta, por la apatía y dejadez de su mayordomo; pero la mayoría recibió el golpe mortal como consecuencia de las distintas desamortizaciones del Estado, que las desposeyó de la totalidad de sus recursos, abocándolas a su extinción al ser desposeídas y expoliadas de todos sus bienes… no pudiendo atender a su subsistencia y mucho menos a sus fines benéficos de caridad cristiana que tenían por estatutos. A pesar de todo, alguna logró reponerse; pero les vino un nuevo golpe al sufrir persecución y destrucción de su patrimonio en la década de los años treinta. Pocas subsistieron a este nuevo embate, una fue la de Nuestro Padre Jesús. Nuevamente, por los años sesenta y setenta del pasado siglo las cofradías tuvieron otro bache, en este caso, de inactividad por razones bien distintas; aunque en nuestro pueblo , concretamente en 1967 nació una nueva: Jesús Cautivo, que procesiona, como sabemos, con la Virgen de la Amargura.
 
PERSONAJES PROTAGONISTAS: LOS COFRADES
            
     Vengo hablando de las Cofradías, ¿Pero qué son éstas sin los cofrades? Nada. Papel mojado. Sois vosotros el alma, la vida, el sustento de la cofradía siempre y cuando la razón de vuestra pertenencia a ella haya sido por motivación religiosa y no por pura complacencia personal o lucimiento. Ser cofrade o Hermano, es algo grande. El cofrade debe saber vivir todo el año como tal y vivir con sentido de fe y de solidaridad; con sentido de esperanza; con sentido de justicia y de perdón siguiendo los pasos de Jesús.
            
     Vosotros y vosotras, cofrades, que sacáis las imágenes en procesión, las convertís en “Paso” cuando le prestáis vuestro hombro como apoyo y sostén para salir del templo e iniciar el camino por las calles de nuestro viejo pueblo; vosotros y vosotras que formáis parte de una Hermandad debéis estar unidos por vínculos de fe; vosotros y vosotras debéis tener claro que pertenecéis a una Asociación Pública de la Iglesia y, como tal, ese compromiso debe aparecer en vuestros estatutos. Y, para que esto no sea papel mojado, debéis hacer un compromiso de fiel cumplimiento, pues una cosa es ser Hermano y otra muy distinta es vestirse de nazareno. Vestirse de nazareno, lo puede hacer cualquiera.
            
     Hablando de compromiso. Mirad: Era yo muy pequeño ¿siete-ocho-nueve años? Iba acompañando a mi padre (q.e.p.d.) y conversando con él por la calle Real, cuando, al llegar a la altura de la casa de Vilardebó, debajo de una cruz de hierro que luce en la fachada y es conmemorativa de una muerte por accidente que hubo en aquel lugar, oímos que sonaba el esquilón de la ermita de los mártires. Mi padre se paró en seco; se quitó la gorra que siempre llevaba puesta porque estaba calvo total y se quedó callado. Yo lo miré extrañado “-Papa - le decía-  papa. Como no contestaba seguí insistiendo y preguntando. -¿Por qué te callas? ¿Qué haces? Dime algo ¿Qué te pasa? Él siguió en silencio mirando en dirección a los Mártires… en breves momentos se dirigió a mí. Me miró en silencio al comprender que me había asustado y, sonriendo,  me dijo:
            -Mira, Zacarías ¿Has oído el toque de la campana de los Mártires? – , le respondí. –Pues ese toque quiere decir que ha muerto un Hermano de Nuestro Padre Jesús y, nosotros, los cofrades, aunque no le conozcamos, tenemos obligación de rezar un padrenuestro por el eterno descanso de su alma, estemos donde estemos. – ¿Y, en mitad de la calle también? le pregunté de nuevo. –También. Esto mismo harán los cofrades por mí el día en que me muera…”
            
     Y así continuó instruyéndome en todos los demás compromisos de caridad cristiana -me dijo- que adquirían los Hermanos de la cofradía. Tales compromisos que todavía subsisten, en tanto no se redacten nuevos estatutos que tengan presente la doctrina de la Iglesia, la sociedad actual en la que vivimos, y también las normativas actuales del Estado.
            
     Este recuerdo de mi infancia que os acabo de referir estaba dormido dentro de mí y pocas veces o ninguna lo habré mencionado a nadie. No sé; pero ha aflorado a mi memoria, cuando preparando este Pregón, he llegado al punto de los compromisos de los cofrades de cualquier cofradía que sea. De esta manera tan sencilla y en la práctica, con su ejemplo y su palabra iban educando nuestros padres a sus hijos en la fe y costumbres que ellos mismos habían heredado de los suyos.

     Quienes verdaderamente se sienten cofrades, están deseando que llegue la Semana Santa para poder, con su trabajo y ejemplo mostrar a los demás la Pasión, la Muerte y la Resurrección de Jesús y mostrar públicamente con su participación activa en procesiones y en el culto el compromiso que adquirieron al hacerse Hermanos o Hermanas.

     Durante estos días en la casa del cofrade verdadero hay nerviosismo y trabajo, porque hacerse cofrade –y más si es nuevo- conlleva la compra y hechura de la túnica, de la capa, buscar el capirote, las sandalias, los fajines, las velas o faroles y todos los demás detalles para ir debidamente uniformados; aunque la mayoría aprovechen los de sus padres, abuelos o antepasados si estos no fueron enterrados con ellos como sudario. Y, así, entre conversación y conversación, entre historias e historias, entre nervios, alegrías y a veces discusiones… van conversando sobre la Semana Santa madres, abuelas, padres e hijos en una explosión de religiosidad popular que la sociedad de hoy nos está negando.

     No quisiera terminar este apartado de cofradías sin deciros las palabras que Benedicto XVI dirigió a los cofrades en un encuentro de Hermandades en Noviembre del año pasado (2008) recordándoos dos cosas:
     Una:   -La Iglesia necesita a las cofradías para llevar el anuncio del Evangelio de la caridad a todos.
     Otra:   -Vuestras cofradías deben seguir siendo escuelas populares de fe vividas y talleres de santidad; deben seguir siendo en la sociedad fermento y levadura evangélica, contribuyendo a suscitar la renovación espiritual que todos deseamos.
 
LOS PORTADORES.

     Queremos mostrar públicamente nuestro agradecimiento a los porteadores porque sorteando obstáculos, resoplando, aguantando sobre los hombros el peso de cada “Paso” como Jesús aguantó el de la cruz de nuestros pecados, sudorosos y doloridos se muestran contentos y alegres porque le han prestado su hombro para transportarlo en el camino de la cruz, sí; pero hacia la Resurrección y hacia la Vida. Al final, ellos tienen la satisfacción, la alegría y el orgullo de ser los nuevos cirineos del Señor.
 
OTRO PROTAGONISTA: EL PUEBLO.
                
    ¿Qué tiene el pueblo que en las grandes ciudades, especialmente, es capaz de estar esperando horas y horas el Paso en escultura de nuestro Señor Jesús, o de su Madre doliente? ¿Por qué y para qué sale el pueblo a la calle? ¿Acaso por mero folklore? ¿Tal vez por tradición? o ¿Hay algo más en sus largas esperas? No seré yo quien conteste a estos interrogantes. Sea personalmente cada cual, quien dé su respuesta. Lo que puedo decir es, que, después de contemplar los Misterios de las procesiones, uno no se queda como antes y, un “algo” le remueve su interior aunque quiera -porque está de moda ahora- decirse o llamarse agnóstico… sin más conocimiento del agnosticismo que “la moda” o porque hoy es “políticamente correcto”. Lo que puedo afirmar es que en Campanario llevamos como mínimo 490 años procesionando la Semana Santa, y el pueblo en general la recibe con los brazos abiertos y las puertas de su casa de par en par con sus luces encendidas y todo reluciendo como una patena, porque Campanario ha sido y es así. Lo que en el futuro sea, Dios dirá.
 
 LOS ALABARDEROS.
            
     Otro recuerdo de mi infancia, porque no puede ser menos - si no, no sería de Campanario-  son los alabarderos, esos soldados que nos recuerdan la cohorte Romana que fue a prender a Jesús en el Huerto de los Olivos junto con los alguaciles, pontífices y fariseos (Ju.18,3) . Ellos son sin duda los personajes más llamativos para un niño ¡Cuántos altibajos han tenido estas “centurias” romanas! Al nacer las procesiones penitenciales y tener su auge en tiempo de los Austrias reinando Carlos I, Felipe II y los siguientes reyes, Campanario copió los trajes de los tercios de infantería españoles. Documentalmente ya se citan en el reinado de Isabel II de Borbón. Vestía el alabardero peto y espaldar de chapa, morrión, casco, celada, o yelmo con visera, con su greba ajustada a las piernas y la alabarda para su defensa (de aquí su nombre). Todo igual que la infantería de aquel momento y no la de los romanos.

     Esta figura entrañable del alabardero que todos recordamos con añoranza, en los últimos años estuvo a apunto de desaparecer por haberse encomendado su papel, en muchos casos, a personas jóvenes pagadas y, generalmente, sin el conocimiento religioso, ni siquiera histórico que debían encarnar… El año pasado me satisfizo la entrada en escena de adultos en el papel del personaje más popular de nuestra Semana Santa.

     Escuchad lo que escribía Reyes Huertas el siglo pasado sobre los alabarderos: “¡Ah los alabarderos! Yo te recuerdo siempre a ti -no diré tu nombre- alabardero voluntario de todas las Semanas Santas. Todos los años subastabas tu traje. Y tomabas tan en serio tu papel de guardia de Cristo, que hasta ya de hombre yo me impresioné con tu continencia y tu formalidad. Tú, con tu sencillez, me revelabas alguna vez mientras solías limpiar las cepas de la viña el significado de tu promesa de vestir todos los años el traje de alabardero. También se prendía tu alma de los encantos de la Semana Santa…” ¡Qué distintas a las nuestras son estas actitudes!
 
LA BANDA DE MÚSICA.
            
     Y ¿cómo no agradecer a otro de los protagonistas, la banda de música, su participación en las procesiones de Semana Santa? ¡Ah, la música! Cómo nos ha engrandecido los actos. Cómo los ennoblece y cómo nos hace más cercanos a los Misterios de estos días. La unción de sus componentes y su sacrificio al desfilar son, igualmente, dignos de la mayor alabanza pública.
           
     A todos los participantes en los actos de la Semana Santa nuestro reconocimiento y nuestro agradecimiento por la puesta en marcha de todos ellos; porque muy bien sé, que todo cuesta sacrificio, sudor y lágrimas.
 
LOS PASOS.

     No puedo terminar sin tener unas palabras dedicadas a quienes son la causa y razón de este gran movimiento de personas. Me refiero a los distintos pasos de nuestra Semana Santa.
        
     Domingo de Ramos.
     
     Quisiera sentirme niño y vivir en este día de nuevo sus sentimientos. Lo primero que se me viene a la cabeza, no sé por qué, es nuestro refrán popular: “Domingo de ramos, quien no estrena no tiene manos”  ¿Por qué este dicho? Es igual. La procesión de este día se ha convertido en procesión para niños. En mi infancia los niños queríamos ir a la procesión del “Burrito” para coger una palma o un ramo de olivo. Lo llevábamos a casa, porque ya bendecidos, eran puestos según la costumbre detrás de la puerta de la calle, junto a la “chapa” del Sagrado Corazón que había en muchas de ellas, o en el dormitorio, o en alguna otra dependencia e incluso en el balcón. Estos ramos eran posteriormente la presencia viva de la Semana Santa a lo largo del año. Así dice una poesía popular:
 
“los olivos y las palmas
bendecidos y hermanados
son símbolos que proclaman
que ya es Domingo de Ramos;
cabeceras y barandas
de camas y de balcones
serán perennes pregones
después de la Semana Santa”
            
     Martes Santo.
            
     En la actualidad se procesiona “El Prendimiento”, con la imagen de Jesús Orando en el Huerto de los Olivos. Mis recuerdos de infancia me llevan a los años de la década de 1950 y antes, cuando “El Prendimiento” se hacía en la plaza de la Soledad en miércoles santo.
            
     El mensaje es claro y en estos días se nos repetirá en el evangelio de las misas.
            
     Es la historia de una traición que termina con dos muertes: la del traidor, Judas, ahorcado y, la del traicionado, Jesús, al que colgarán en la Cruz. Jesús sabía lo que le iba a suceder en los días siguientes, porque para eso había venido: a morir redentoramente. En el Huerto de los Olivos comenzó la pasión del Nazareno. Allí le cogieron cautivo.
            
     Miércoles Santo.

     Y ya va camino de los 50 años la Hermandad de Jesús Cautivo. Fue en 1967 cuando procesionó por primera vez las calles de nuestro pueblo. Impactó entonces el hábito de sus hermanos vestidos con túnica blanca, rojo el capirote, al igual que su capa, teniendo la singularidad de llevar el fajín de cuerda, o una soga en nuestro argot, como recuerdo de las cuerdas con las que Jesús fue atado a la columna. Su imagen la conocemos popularmente como “El Amarrao”. La imagen de la Virgen es una Dolorosa con el particular nombre de Amargura y uno de los objetivos de esta Hermandad fue “ser una procesión para la juventud” y, ciertamente, lo ha ido consiguiendo.

     Rompió esquemas en su recorrido y se llevó por calles no tradicionales en las procesiones. Hoy, superados los baches que tuvo después del auge de los primeros años de su fundación, ha vuelto a renacer con fuerza por la entrega de un grupo de jóvenes, mujeres y hombres que, al unísono cargan sobre sus hombros las imágenes. Este año (2009) por primera vez, Jesús Cautivo recorrerá nuestras calles sobre los hombros de un grupo de animosos muchachos y no sobre ruedas. Las chicas, que rompieron todos los clisés llevan ya, con ésta, tres Semanas Santas que cargan sobre sí el peso de La Amargura.

     ¿Y del sayón?  ¿
Qué diré del sayón que con su aspecto feroz va ejecutando la orden de azotar a Jesús? Lo diré con palabras de Gabriel y Galán en su poema “La pedrada” del que sólo cogeré dos estrofas:
 
 
“… y aquel sayón inhumano,
que al dulce Jesús seguía
con el látigo en la mano,
¡qué feroz cara tenía!
¡qué corazón tan villano!
 
¡la escena a un tigre ablandara!
iba a caer el Cordero
y aquel negro monstruo fiero
iba a cruzarle la cara
con el látigo de acero…”
 
     Jueves Santo.

     Y llegamos al Jueves, día grande porque en su última cena Jesús instituye la Eucaristía y el sacerdocio, porque celebramos el Día del Amor Fraterno. El Jueves es el primer día del Triduo Pascual. Después de los Oficios, los mayores recordamos que se cubrían las imágenes con grandes telas de color morado, dejaban de tocar las campanas y en su lugar sonaba la “matraca”.Todo esto se hacía en señal de duelo. La Iglesia, en su reforma litúrgica, cambió todos aquellos ritos simbólicos.

     Por la noche es cuando en Campanario se procesiona, sin duda la procesión más popular junto con el Santo Entierro. Son las dos procesiones de más tradición: Nuestro Padre Jesús, cuya cofradía se creó hace casi 350 años y la de Nuestra Señora de los Dolores. Es la noche del encuentro en el Camino de la Cruz. Este encuentro de la Madre con el Hijo lo describe mi poeta amigo Medel diciendo:
 
“Nazareno azotado
que llora con pena dura
una Madre de hermosura
con corazón traspasado.
No puede ella creerlo
que su hijo en la verdad
no puede así penar
al redimir a su pueblo.
Con ese dolor tan hondo
ve a su hijo que camina
y a su alma la calcina
la cruz que lleva en el hombro.
Todos estamos afligidos,
Madre del Mayor Dolor,
Él será crucificado
y va repartiendo Amor”
            (“Momentos para ti” Beturia. Madrid 2002)
 
     Viernes Santo.

     Silencio. Dolor. Muerte. Se va acercando el fin de la trama. Procesión a media mañana el Santísimo Cristo de la Expiación. Le acompaña su Madre. Siempre le acompaña la Madre, Virgen de la Victoria porque la muerte de Cristo es victoria. Esta vez en un largo recorrido procesional, en la actualidad sin mucho sentido por la falta, casi, de acompañamiento. El de la Expiación es un Cristo exangüe, macilento, color de muerte, que nos produce un inmenso dolor mirarlo. Es la viva estampa de Jesús muerto.

     La madre, llorosa, nos encamina a la esperanza con el simbólico verde de su manto y una oración brota necesariamente en quien lo contempla como le brotó, contemplándola, a Marcelino Menéndez Pelayo:
 
¿Qué quiero, mi Jesús?
quiero quererte,
quiero, cuanto hay en mí, del todo darte,
sin tener más temor que el ofenderte.
Quiero olvidarlo todo y conocerte
quiero dejarlo todo por buscarte,
quiero perderlo todo por hallarte,
quiero olvidarlo todo por saberte.”
(“La mejor poesía cristiana”. Torcuato Luca de Tena. Barcelona 1999).
 
     Y llega la tarde. Tarde de entierro, tarde de luto. Silencio: es el Santo Entierro. Acompañamos en bloque, como si de un entierro de hoy se tratara. Voz tenue,… hablamos bajo. No queremos molestar, suena la música, hoy, con solemnidad, con grandeza: ¡Cristo, ha muerto!
 
 
Una gota de luz ha detenido
la campanada gris del mediodía.
Silencio. Soledad. Melancolía.
Parece que la vida se ha dormido…”
            (“Clamor de la memoria”. José Iglesias Benítez)
 
     Llegamos a la noche. La noche siempre aumenta el dolor. En la noche te reencuentras contigo mismo. Al filo de la medianoche Campanario acompaña a la Madre en su Soledad. Una procesión en alza, una procesión de reflexión, de meditación. Así la veía Gabriel y Galán en “Soledad”:
 
“Una noche, una doliente
noche de angustia empapada,
noche de místico ambiente,
que tenía el peso ingente
de la culpa consumada…
 
Muchedumbres de creyentes
doloridos , reverentes,
apiñados, silenciosos,
bajas las pálidas frentes,
turbios los ojos llorosos,…
 
…¡Dolorida gran Señora!
            tu soledad, ¡ay!, ha sido
            la segunda Redentora
de este corazón herido
que en tu Soledad te adora”
 
     Y así entre dolor y dolor, entre oración y oración, llegamos a la noche del sábado.
            
     Sábado Santo.

     Sábado de Gloria. Vigilia Pascual en esta noche del sábado al domingo. Bendición del fuego. Luz. Explosión de alegría. Agua Bendita con la que antiguamente rociábamos todos los rincones de nuestras casas. Recordadlo: “sal demonio de este rincón que ha resucitado Dios”. Campanas al vuelo y, el “Resucitao” que procesiona nuestras calles el Domingo de Resurrección con gran revuelo y algarabía entre alegres cantos y aleluyas.
            
     Ha llegado la Pascua, la gran verdad de nuestra fe: Cristo ha resucitado. Aleluya.


     Pidamos en esta noche,que vivamos nuestra Semana Santa con plenitud comprometida y no como meros espectadores.
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